miércoles, 9 de mayo de 2012

Tan sólo fluir

No es algo que se pueda describir, transmitir. Es algo que uno mismo siente.

¿Cómo expresar la conclusión de una filosofía de vida en tan solo unas imprecisas palabras?¿Cómo hablar de lo inefable, explicar lo inexplicable? Un sentimiento, una sensación.

Entender lo cambiante, explicar el fluir de toda una vida en la que, cada segundo que pasa, nuestras experiencias determinan por completo nuestra manera de ver el mundo y de dar el siguiente paso.

Tantas vidas. Tantas maneras de ver la vida. Tantas como personas hay en el mundo. Incluso más, pues cada persona cambiará sus convicciones con cada lección aprendida, con cada experiencia recibida.

Solo hay una cosa constante en el universo: el cambio.

Un transformar continuo ocurre en cada cosa que vemos, oímos o sentimos. A cada instante, todo a nuestro alrededor y nosotros mismos ha dejado de ser como era hace un segundo para ser algo nuevo: ha fluido. Los momentos ordinarios no existen.

La vida es un constante cambio, y nosotros debemos ser capaces de fluir de igual manera si queremos estar en armonía con el universo, y sentirnos, con él, plenos e infinitos.

Flexibles. Vacíos de expectativas. Vacios de prejuicios adquiridos por nuestro limitado entendimiento del tiempo, del pasado y del futuro. Solo hay una cosa que con certeza existe: el aquí y el ahora. Este momento. Si nos concentramos en esto, todo miedo desaparece y entonces nos sentimos vivos, porque es solo entonces cuando estamos vivos.

Cuando fluimos. Cuando nos dejamos llevar por el presente y decidimos abrir los ojos y los sentidos, y contemplar el camino que estamos andando, y no el que los demás nos han hecho creer que deberíamos estar andando, la sociedad, ni siquiera nuestra familia o nuestros amigos. El dogma. Nada de lo de fuera puede definir que hemos venido a hacer a este mundo. Pero hay algo en nuestro interior que sí lo sabe.

Una línea con numerosas ramificaciones define nuestra trayectoria, y una herramienta nos brinda la posibilidad de dirigir nuestros pasos en la dirección correcta. Aquella que nos lleve a completar nuestra misión en la vida, dándole entonces un sentido a esta que solo nosotros entenderemos. Pero esto está bien, pues no es necesario que nadie más lo haga. Este compás que nos orienta como al timonel de un barco en un mar turbulento. Se puede llamar corazón. Se puede llamar intuición, o vocación, o sueño, o ambición. En realidad la palabra no importa. Es algo dentro de nosotros mismos que nos dice cada vez cual es el siguiente paso. Nos da la fuerza y la determinación de luchar por aquella causa que nos conmueve, de poder levantarse y seguir caminando sin importar cuan fuerte la vida nos derribe u obstáculos se crucen en nuestro camino. Es el motor del mundo y de la vida. Es, en última instancia, amor. Amor por lo que hacemos, amor por lo que somos y por extensión a todo el universo.

Este amor va imprimado en lo más profundo de nuestro ser desde que nacemos. Siempre está ahí, es nuestra esencia. Guiándonos a cada paso. Buscando nuestro propio equilibrio vital. Solo al entrar en armonía con esta nuestra esencia, las piezas de pronto encajarán y encontraremos un estado de paz, seguridad y felicidad, no necesariamente física u emocional, sino espiritual y existencial.

La razón, la mente lógica, es un mecanismo de supervivencia, no una vía existencial. Déjate llevar. Fluye. Conviértete en agua. ¿Acaso entiendes lo que haces o por qué lo haces en aquellos momentos en que te sientes lleno y feliz? ¿Aquellas veces qué dejando a un lado la rutina y las opiniones de la gente te lanzas a hacer lo que realmente sueñas, aunque quizá en apariencia el sueño no tenga sentido? No, pero no hace falta. Te sientes bien, y esa es toda la prueba que necesitas. Cuando vuelves la vista atrás todo cobra un sentido. La mente se lo da. Es solo un producto mental. En realidad no hace falta entender el sentido. En realidad no importa el pasado, pues solo este momento es importante. La única razón por la que el pasado existe es para aprender de él, y no cometer los mismos errores.

Y al final, las únicas cosas de las que de verdad nos arrepentimos son aquellas que ni siquiera intentamos, pues nos faltó el coraje para lanzarnos a vivir nuestros sueños. Nos dejamos atrapar en la rutina y el dogma, el camino social establecido, y algún día, quizás demasiado tarde, nos acordamos de que no era eso lo que queríamos hacer con nuestra vida, y que si realmente lo hubiéramos querido con la suficiente fuerza nada nos podría haber detenido. No hay nada más fuerte que la determinación de hacer algo. No hay nada más influyente en nuestras vidas que la intención.

Así pues, si aún no has encontrado lo que te llena en esta vida, lo que te hace feliz, lo que le da a tu vida un sentido, no te rindas. No dejes de buscarlo hasta que lo encuentres. No tenemos mucho tiempo. La vida es corta. No lo dejes para más tarde. Explora. Busca tu lugar en el mundo. Encuentra tu misión en la vida. No temas sentirte perdido. Solo cuando nos encontramos totalmente perdidos, solo entonces, somos completamente libres y podemos encontrar nuevos horizontes.

Yo aún no lo he encontrado. El corazón me pide seguir explorando, aventurarme. Seguir viajando. No siento ataduras a ningún lugar. Estoy perdido. Pero no tengo miedo. He aprendido a amar la sensación: la incertidumbre, la espontaneidad. Todo ocurre por una razón. Sé que algún día encontraré mi lugar mientras, simplemente, siga fluyendo.


Fuente : mi compañero aikidoka René Serrano
http://kokyuhoflow.blogspot.com

7 comentarios:

  1. La vida es como un libro de esos de mi infancia de "Elige tu propia aventura", puedes incluso hacer trampas y ver a que página te lleva cada una de las elecciones, y solo cuando pierdes la ilusión y estas hastiado buscas llegar a la página que pone Fin.

    Un saludo.

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    1. Gracias por tu comentario Guillermo,
      creo que hay bastante Aikido entre líneas en el post de René.

      Un abrazo

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    2. Por suerte o por desgracia, en la vida, sin embargo, no existe trampa ni cartón. Solo una vez decides cada camino que tomas, y una vez que en él te hallas ya no hay vuelta atrás. El fin no ha de buscarse, nos corresponde a nosotros encontrar la ilusión en cada cosa que hacemos.

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  2. Muchas gracias a René, una gran reflexión!

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    1. Seguramente a lo mejor te responde él mismo, ya que se ha apuntado como seguidor de este blog...

      A mi me gustó mucho cuando me lo hizo llegar, creo que, como le decía a Guillermo, contiene mucho espíritu del AIkido en él.

      Un abrazo

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    2. Gracias por leerlo y comentar y gracias Jesús por extenderlo por las redes ;)

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    3. Gracias a ti por compartir tu artículo, por visitarnos, por comentar y por compartir la práctica del Aikido.

      Bienvenido!!

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