jueves, 8 de septiembre de 2011

Sencillamente

Creo que somos afortunados por practicar Aikido. Podríamos habernos decidido por cualquiera de las infinitas posibilidades que hoy en día se nos ofrecen, incluyendo, por supuesto, quedarnos tirados enfrente del televisor, y, sin embargo, cada uno sabrá por qué, aquí estamos, día tras día, llueva o haga sol

No es ya el esfuerzo realizado sobre el tatami, ni el tiempo empleado, ni el dolor o las lesiones, ni la adecuación de nuestra mente a usos y formas de relación social que nos son ajenos, si no que además, en muchos casos, tenemos que afrontar la incomprensión de las personas de nuestro círculo íntimo, sin posibilidad alguna de hacerles ver el motivo por el que seguimos el camino del Aikido. A más explicaciones, más confusión: mejor dejarlo como está.

Y digo que somos afortunados porque si estamos aquí es porque teníamos que estar, no podía ser de otra forma. Da igual si nos trajo un amigo, si vinimos rebotados de la sala de pesas, si nos apuntamos después de ver una película en la que el héroe salvaba al mundo y se quedaba con la chica o si una sincronía puntual nos iluminó y nos guió hasta la puerta del dojo. Lo importante es que somos nosotros los que formamos parte de esto y la enseñanza que se nos ofrece es inmensa, inabarcable, mucho mayor de lo que jamás hubiésemos imaginado.

Tal vez aún no lo hayamos descubierto o no pensemos en ello pero lo que hacemos no tiene nada que ver con aprender unas cuantas técnicas marciales o conseguir unas aptitudes físicas notables.

Lo que se nos presenta por delante es un Camino verdadero, una Vía, que se va desvelando de trecho en trecho a medida que vamos avanzando por él. Sólo la palabra de O´Sensei encierra una sabiduría que costaría años asimilar y toda la vida, en el mejor de los casos, aprehender, hacerla nuestra. La dificultad de las técnicas puede interpretarse como una metáfora del inconmensurable campo de mejora que tenemos en el terreno espiritual.

Hasta me atrevería a decir que sin ese progreso espiritual no puede darse progreso técnico verdadero: “Si no te has unido a la verdadera vacuidad, jamás conocerás el Arte de la Paz.”

Desde luego, tener delante este vasto camino no implica, necesariamente, que vayamos a llegar a ninguna parte, pero, a cada momento, lo que tenemos es bastante.

En una época tan consumista y descreída como la nuestra, donde la anomia, la decepción y la confusión son moneda corriente y los objetivos en la vida de la mayoría de las personas se limitan a algo tan vulgar e insulso como hacerse millonarios, el Aikido se presenta como un verdadero lujo, para sentirlo, no para mostrarlo; un fresco oasis que todos tenemos a nuestro alcance pero que sólo un puñado de afortunados disfrutamos.

Así, sencillamente.


Sami - 2007

Roberto García (derecha)
David Garcimartín (izquierda)
J.Ch - Musubi  (al fondo...)


2 comentarios:

  1. Este Sami qué bien escribe "el joio" que diría mi abuela, esta frase me parece genial:

    "...el Aikido se presenta como un verdadero lujo, para sentirlo, no para mostrarlo..."

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