sábado, 3 de marzo de 2012

Gotas de lluvia (Raindrops)

"Me siento agradecido por lo que soy y tengo. Es sorprendente cómo uno puede darse por contento con nada en concreto, sólo con un sentido de la existencia. Me río cuando pienso en mis vagas e indefinidas riquezas. Mi “banco” nunca podrá agotarlas, porque mi riqueza no está basada en las posesiones sino en el disfrute de la vida".

Son palabras de H.D. Thoreau, de hace más de un siglo. Es el autor de "Walden", su obra relatando sus avatares cuando se fue a vivir solo a una cabaña en el bosque (después Skinner escribiría "Walden II", basándose en esta obra.)

Cubiertas las necesidades básicas, las posesiones y el dinero no traen más felicidad. Son el contacto social, la colaboración, la comunión de las mentes, de las almas, lo que trae felicidad y dicha.

En “Los vagabundos del Dharma”, Kerouac cuenta como él y sus amigos se equipaban por unos pocos dólares en los almacenes del Ejército de Salvación y pertrechados con sus mochilas se encaminaban a las montañas donde pasaban días bebiendo té, charlando y mirando las estrellas. Él predijo una revolución de las mochilas. La mochila es un símbolo y yo puedo ver la mía desde la cama, colgada de una percha, siempre dispuesta para salir en tres minutos camino de cualquier lugar del mundo.

La letra de la canción “Raindrops keep falling on my head”, de “Dos hombres y un destino”, compuesta en 1969 por Hal David y Burt Bacharach, dice así:

“Raindrops keep fallin' on my head 
But that doesn't mean my eyes will soon be turnin' red
Cryin's not for me 
'Cause I'm never gonna stop the rain by complainin'
Because I'm free Nothin's worryin' me
It won't be long till happiness steps up to greet me”

Más o menos:

Las gotas de lluvia siguen cayendo sobre mi cabeza,
Pero eso no significa que mis ojos se pondrán rojos por llorar,
no voy a parar la lluvia por mucho que me queje;
Porque soy libre y nada me preocupa,
No pasará mucho hasta que la felicidad vuelva a saludarme.
Así es, así lo creo.

Son tiempos difíciles y es fácil entristecerse y dejarse llevar por la depresión oyendo las noticias mientras anochece un día y otro y otro, en este largo invierno, pero deberíamos abrir el campo de visión e intentar mirar las cosas con ojos nuevos, sin comparar con lo que tuvimos, sin añorar la forma en la que estábamos malgastando nuestros recursos y, tal vez, nuestras vidas. 

No hace falta estrenar ropa cada mes; no es necesario recorrer el planeta para exhibir las fotos en el muro de facebook como si fueran trofeos de caza; no es indispensable un chef famoso que reconstruya los alimentos para comer bien rodeado de amigos; no es imprescindible cambiar de coche cada cuatro años; un coche dura toda la vida. Antes el padre se lo dejaba al hijo y el coche era como uno más de la familia, hasta se le ponía nombre. Podemos prescindir de muchas cosas; y podemos recuperar, o adoptar por primera vez, muchas otras, gratis e infinitamente mejores.

Telefonea a tu amigo; escribe a tu primo, ese al que no ves desde la niñez. Invítale este verano a tu casa, que te presente a su mujer y a sus hijos; cenad juntos, contaos cosas de cuando jugabais juntos en la playa de Torremolinos. No esperes a que se acabe la crisis, a que el tiempo pase, nada vuelve a ser lo que fue. Se feliz hoy.

Fuente: mi compañero aikidoka José AS Samiñán.

viernes, 2 de marzo de 2012

El Vencedor y el Perdedor

1. Cuando un vencedor comete un error, dice: "Yo me equivoqué!"
Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa." 

2. Un vencedor trabaja duro y tiene mas tiempo.
Un perdedor está siempre "muy ocupado" para hacer lo que es necesario. 

3. Un vencedor enfrenta y supera los problemas.
Un perdedor da vueltas y nunca consigue resolverlos. 

4. Un vencedor se compromete.
Un perdedor hace promesas. 

5. Un vencedor dice: "Yo soy bueno, sin embargo no tan bueno como me gustaría ser."
Un perdedor dice: "Yo no soy tan malo como tantos otros." 

6. Un vencedor escucha, comprende y responde.
Un perdedor sólo espera una oportunidad para hablar. 

7. Un vencedor respeta aquellos que son superiores a él y trata de aprender algo con ellos.
Un perdedor resiste aquellos que son superiores a él y trata de encontrar sus defectos. 

8. Un vencedor se siente responsable por algo más que sólo su trabajo.
Un perdedor no colabora y siempre dice: "Yo sólo hago mi trabajo." 

9. Un vencedor dice: "Debe haber una mejor forma de hacerlo ..."
Un perdedor dice: "Esta es la forma que siempre lo hicimos."



jueves, 1 de marzo de 2012

La Prudencia

Podríamos definirla en palabras justas como una virtud, la cual nos ayuda a actuar frente a las situaciones diarias de la vida, con mayor conciencia. Gracias a ella, nuestra personalidad concordará con alguien decisivo, emprender, comprensivo y conservador. Es decir, la prudencia pasa inadvertida ante nuestros ojos, ya que es muy discreta.

Tal es así, que las personas que viven esta virtud, son aquellas que toman las decisiones acertadas en el momento y lugar adecuado; lo que se proponen lo logran con éxito, en las situaciones más difíciles demuestran calma y serenidad, entre otras cuestiones.

Como mencionábamos anteriormente, este valor, nos ayuda a actuar correctamente ante cualquier circunstancia, mediante la reflexión y razonamiento de los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones en la misma.

Las emociones, el mal humor, las percepciones equivocadas de la realidad y la falta de la justa y necesaria información; en la mayoría de los casos proporciona que tomemos las decisiones incorrectas. Es decir, que posiblemente esto refleje que nos cuesta mucho reflexionar y conversar con calma en cualquier hecho. Es decir, que la prudencia se forma en nosotros por la manera en que nos conducimos frecuentemente, y no a través de lo que aparentamos ser.

Las consecuencias de ser imprudentes, se presentan en todos los niveles de nuestra vida; es decir, en lo personal y colectivo. Por ello, siempre es necesario saber que todas nuestras acciones deben estar destinadas a proteger la integridad de los demás sujetos como primer medida y como símbolo de respeto hacia nuestra especie.

El simple hecho de lastimar a los demás, de tener preocupaciones, no poder comprender los errores de los demás, imposibilitar la vida de los demás o ser antipáticos; son motivos comunes en donde deberíamos centrar nuestras fuerzas, para luchar y tratar cada día de ser un poquitos más prudentes.

Detente a pensar un momento y aprecia las cosas en su justa medida. Luego observarás que todos hacemos más grandes los problemas de los que verdaderamente son, y actuamos y por ende decimos, cosas que por lo general luego terminamos arrepentidos.

con Agustín Meléndez (2008)
Otra cuestión, es tratar de no aparentar ser prudentes, ya que esto significa que no somos capaces de actuar adecuadamente, decidir y comprometernos, por el simple temor que poseemos, junto a la pereza y las razones que creemos son valederas. Seamos sinceros con nosotros mismos y reconozcamos que hay algo que no nos gusta o nos incomoda en determinadas circunstancias.

La inconsciencia en nuestros deberes y en el actuar cotidiano, reflejan la falta de prudencia en nuestras vidas. Nunca pensaste que trabajar con intensidad y provecho, cumplir con las obligaciones y compromisos, ser amables con las personas y preocuparnos por su bienestar general, son una manifestación fiel de esta virtud humana.

mis compis Carlos Ruiz
y Juan Carlos Pantoja
(2006)
Ahora bien, ¿Cuáles son los verdaderos beneficios de actuar con prudencia? En primer lugar, conservamos un buen estado de salud, ya sea física, mental y espiritual; manejamos nuestro presupuesto apropiadamente, cuidamos de las cosas para que ellas funcionen y permanezcan en condiciones para nuestro bienestar.

Ojo, el ser prudente no significa que estemos exentos de equivocarnos. Todo lo contrario, uno aprende de los errores una y otra vez, porque reconoce en cada uno de ellos sus fallos y limitaciones. Uno aprende, pide perdón y consejos. 

Recuerda, las mejores decisiones para actuar provienen de la experiencia. Todas las cosas que se desarrollan a nuestro alrededor nos enseñan a ser más críticos y observadores, prediciendo los éxitos y fracasos para cualquier acción a emprender.

Entonces, la prudencia será el valor que nos guíe por el camino más seguro, construyendo en nosotros una personalidad más segura y perseverante, capaz de comprometerse en todo y por todos, el cual generara confianza y reflejará amabilidad por el prójimo.