El siguiente artículo fué prepararado con la amable colaboración de Jason Wotherspoon de Australia
Percibimos un ataque cuando consideramos que nuestras vidas o nuestro bienestar están en peligro, o cuando creemos que nuestro territorio, físico o psicológico, ha sido invadido. Por ejemplo, un niño de tres años que está enojado, sacude sus brazos y se aproxima a un adulto, normalmente tal hecho no es considerado como un ataque. Es decir, el adulto no considera la acción del niño como una amenaza física. Sin embargo, si el mismo adulto es objeto de un asalto a mano armada, sin duda sentirá que ha sido agredido. Imaginemos un tercer caso, en el que un experto en artes marciales se enfrenta a un hombre armado con un cuchillo. Es concebible que tal individuo debido a sus largos años de entrenamiento y de preparación mental, de ninguna manera se comportaría como si estuviera en una situación de emergencia y que de hecho aplicaría una medida apropiada a las circunstancias. En los tres casos la cuestión de si ha o no ocurrido un ataque, depende de la percepción de la persona atacada o de la persona que evalúa la escena.

Por consiguiente, los tres ingredientes que parecen combinarse para producir un “ataque” son: la víctima (alguien que se perciba a sí mismo como amenazado) un agresor (quien puede estar o no consciente de su papel), y el instrumento del ataque tangible o intangible.

Si el agresor manifiesta su poder o fuerza de innumerables maneras, la víctima, por otra parte, revela su debilidad en cierta forma. ¿Cuáles son las imágenes mentales que se evocan al mencionar la palabra “víctima”? Quizá una persona físicamente pequeña, de apariencia débil, alguien cuya postura y lenguaje corporal sugieren pasividad y retracción, el individuo verbalmente inarticulado o indeciso, personas con dificultades financieros, o alguien que no esta en plena posesión de sus facultades mentales, encajaría en nuestra preconcepción de lo que es una “típica víctima”. Nuevamente, mientras el atacante puede ser identificado como grupo o institución, también la víctima puede demostrar que forma parte de un grupo o clase de individuos (los pobres y iletrados, el Tercer mundo, los contribuyentes, trabajadores, etcétera).
Al investigar la mecánica de un ataque, hemos aludido varias veces al uso de un arma o a ciertos patrones de comportamiento a los que llamaremos “instrumentos de ataque”. Estos pueden ser un objeto físico: un palo, cuchillo, pistola, puño, etcétera. Ejemplos menos tangibles de instrumentos de fuerza serían: diversas formas de expresión verbal o la coerción que lleva al la excitación emocional (gritos, críticas, insultos) la amenaza de fuerza física (“¡Te romperé los dientes!”), el uso de presión económica (“!si quieres conservar tu trabajo, has lo que te digo!”), o quizá el ejercicio de algún tipo de presión social o política (“para ser franco, Sr. Senador, si ésta propuesta no es aprobada, no creo que nuestra organización sea capaz de seguir apoyando su candidatura en la próxima elección”). Incluso la “reputación” de una persona puede ser utilizada a voluntad, como arma psicológica, si se conoce su uso o abuso potencial. (“!El Sr. X es un verdadero manipulador!” o “Ese tipo acosa a cada mujer que tiene a la vista) Tale ejemplos de uso de fuerza, varían de lo extremadamente obvio a lo increíblemente sutil.

Fuente:por Stanley Pranin Aiki News #32 (December 1978)
Traducido por Angye Alejandra Bahena García
Gracias, está muy bien y bien traducido, Stan Pranin de Aikido Journal es amigo de Francis Takahashi y es el mismo que salía en el video del año 64 que puse en el blog.
ResponderEliminarHola Carina. Si, está muy bien. Me gusta lo que escribe Pranin.
ResponderEliminarLa percepción...creo que es algo a trabajar en todos los ámbitos.
Gracias por venir a visitarme :)